La coagulación natural de la sangre está sincronizada con precisión para activarse en el lugar y momento exactos. Realizar una intervención quirúrgica, la curación de una herida, y otros procesos naturales o artificiales, requieren un buen control de este proceso, típicamente a través del uso de anticoagulantes como la heparina (un azúcar complejo presente de modo natural en la superficie de nuestras células) o la warfarina.

Sin embargo, estas sustancias son inherentemente unilaterales, ya que solo pueden bloquear la coagulación sanguínea, en tanto que revertir sus efectos depende de retirarlas del torrente sanguíneo.

En cambio, el conmutador molecular controlado por láser que ha diseñado el equipo de la química Kimberly Hamad-Schifferli y sus colegas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Cambridge, Estados Unidos, permite regular a voluntad la coagulación de la sangre. Esta nueva tecnología abre nuevas posibilidades para un control más preciso y selectivo del proceso de coagulación sanguínea durante una terapia.

MEDI-OFFICE, Servicio de Atención Telefónica para Profesionales de la SaludEl nuevo conmutador se basa en la capacidad de dos nanopartículas de oro para liberar selectivamente moléculas de ADN diferentes desde su superficie al ser excitadas por láseres de diferentes longitudes de onda. Cuando es estimulada por una longitud de onda, una nanobarra libera un fragmento de ADN que se enlaza a cierta proteína, la trombina, bloqueándose la formación de coágulos sanguíneos. Cuando el fragmento complementario de ADN es liberado desde la otra nanopartícula, éste actúa como un antídoto y libera a la trombina, restaurando la actividad de coagulación de la sangre.

El nuevo conmutador molecular controlado por láser permite regular a voluntad la coagulación de la sangre.

En el trabajo de investigación y desarrollo también han participado Helena de Puig, Salmaan H. Baxamusa y Dorma Flemister, del MIT, así como Anna Cifuentes Rius del Instituto Químico de Sarriá, dependiente de la Universidad Ramón Llull, en Barcelona, España. La labor contó con la ayuda económica de la Fundación Nacional estadounidense de Ciencia, y también con el apoyo de la Fundación La Caixa, de España.

Fuente: noticiasdelaciencia.com

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