Los últimos estudios apuntan a la importancia de los factores ambientales en el desarrollo del autismo, especialmente durante el periodo de gestación.

Los factores ambientales a los que se expone la madre durante el embarazo y la respuesta del sistema inmunitario a algunas infecciones parecen desempeñar un papel importante en el riesgo de desarrollar autismo,según las más recientes hipótesis del grupo encabezado por David Amaral, profesor de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento y director del Instituto de Investigación Médica de los Trastornos del Neurodesarrollo (MIND, por sus siglas en inglés) de la Universidad de California, en Sacramento (Estados Unidos).

David-AmaralDurante su visita a Barcelona con motivo de la celebración del 25 aniversario de la Fundación Autismo Mas Casadevall, ha explicado a Diario Médico que un 10 por ciento de las mujeres que tienen hijos con autismo presentan en sangre anticuerpos contra el cerebro del feto, incluso años después del embarazo. Este estudio, que ha incluido datos de casi un millar de pacientes y se ha replicado en tres diferentes cohortes de afectados -incluyendo un grupo de españolas-, refuerza la idea de que el sistema inmunitario juega un papel clave en esta enfermedad.

Tras los resultados, el grupo de Amaral puso en marcha dos estudios experimentales en los que se inyectaron estos anticuerpos en un modelo animal de mono durante el periodo de gestación y se ha podido demostrar que unos meses más tarde estos monos presentaban rasgos de comportamiento similares a los de un niño con autismo.

Una de las conclusiones que se desprenden de estos datos es que, incluso en individuos con un bajo riesgo genético de desarrollar autismo, la exposición a estos anticuerpos durante la gestación parece elevar el riesgo de desarrollar la enfermedad. Ahora surge una nueva hipótesis que consiste en comprobar si al detectar y bloquear estos anticuerpos en la madre antes del embarazo se puede proteger al feto frente a este proceso patológico.

Diferencia de género

Posteriormente se realizó el seguimiento de estos bebés mediante el uso de resonancia magnética y se pudo comprobar que el cerebro de los autistas era de mayor tamaño que el de los individuos sanos. Este trabajo también reveló una importante diferencia de género, ya que este aumento de tamaño sólo se observó en los varones, mientras que en las niñas no se encontró una diferencia significativa. Los resultados fueron similares en la réplica del estudio que se hizo en los modelos animales de mono.

“Estos hallazgos sugieren que la biología de los niños con autismo es diferente a la de las niñas”, lo que abre la puerta a nuevas líneas de investigación en esta dirección.

El papel de los genes

Hasta el momento se conocen unos 200 genes asociados al riesgo de desarrollar autismo y están ubicados a lo largo de todo el genoma humano. Además, están en marcha diversos estudios y en los próximos años se estima que se podrán llegar a determinar unos dos mil.

En realidad, esta diversidad no hace más que reforzar la idea de que los factores ambientales tienen mucho peso en el desarrollo de esta patología.

Un estudio en gemelos con esta enfermedad detectó que en el 60 por ciento de los monocigóticos los dos eran autistas, mientras que en los heterocigóticos un 30 por ciento, lo que pone a la gestación en el punto de mira de la investigación.

Cambiar el curso de la enfermedad

Uno de los mensajes que David Amaral ha querido destacar durante su visita a Barcelona es que realmente es posible cambiar el curso de la enfermedad y lograr mejorar la calidad de vida de los pacientes con autismo. Por el momento no hay una terapia farmacológica eficaz ni tampoco se han determinado dianas terapéuticas claras; no obstante, se ha demostrado que la intervención precoz por parte de un experto en el tratamiento de estos enfermos puede incidir de manera muy importante en el curso de la patología, ya que mejora el coeficiente intelectual, reduce los síntomas y la discapacidad. “La terapia es capaz de modificar el cerebro de manera similar a como lo podría hacer un fármaco. Incluso puede incidir en su función, con la ventaja de que no tiene efectos adversos”

Fuente: www.diariomedico.com

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