Son muchas las cualidades de nuestro sistema sanitario y múltiples las bondades de nuestros hospitales y de sus profesionales. Pero en esta época, caracterizada por continuos y atropellados aires de cambio, unos necesarios y otros temerarios, llama profundamente la atención la ausencia de autocrítica en nuestro sistema hospitalario. Resulta curioso observar la inexistencia de reflexiones críticas con el funcionamiento de nuestros hospitales.

La causa de esta ausencia es clara: Es tal el poder acumulado en los últimos cincuenta años, que llega a oscurecer la razón de los más brillantes de nuestros analistas. Nos encontramos ante un poder tan robusto, tan firme, tan arraigado entre estudiosos, gestores, profesionales y usuarios, que el silencio aplasta cualquier indicio de crítica o sospecha de amenaza, ante tanto poder.

MEDI-OFFICE, Servicio de Atención Telefónica para Profesionales de la SaludEs imprescindible acabar con este silencio. El mayor problema al que se ha de enfrentar el Sistema Nacional de Salud en la próxima década es la larga y profunda crisis de nuestro sistema hospitalario. Una crisis consecuencia de su profunda debilidad para adaptarse a las auténticas necesidades en salud de nuestros ciudadanos, y una crisis, derivada de la ingente cantidad de recursos que consume y acapara, que impide invertir y poder desarrollar las estructuras auténticamente imprescindibles para conseguir resultados con mayor eficacia y eficiencia.

El espacio de esta crónica me obliga a no ser prolijo en los argumentos, pero sí me permite enumerar algunas de las disfunciones que acumula el gobierno de nuestros hospitales:

• Una ausencia de autocrítica sobre su modelo organizativo y su relación con el resto del sistema sanitario. Primera y gran barrera para el cambio: sin autoconciencia es imposible transformación alguna.

• El modelo como se organizan los hospitales es incapaz de ofrecer a los pacientes una atención cálida y en la que se imponga la humanización.

• Todavía está muy lejos la participación real de los pacientes en la toma de decisiones, en todas aquellas intervenciones que afectan a su salud.

• Una profunda debilidad perpetuada en el tiempo: las enormes lagunas en la atención, derivadas de la falta de continuidad asistencial a los pacientes con el resto de niveles asistenciales.

• Los modelos de trabajo imperantes, salvo excepciones, están todavía alejados de un auténtico trabajo en equipo entre las diferentes categorías profesionales.

• Los hospitales son una constante “puerta de entrada” a la tecnificación y a la medicalización innovadora, pero con una carencia generalizada en la evaluación en su impacto en la salud y en la economía del sistema sanitario.

• La falta de continuidad en la atención origina una deficiencia en la auténtica evaluación de su actividad, pues la mayoría de los datos disponibles se refieren a los tiempos de hospitalización.

• Salvo excepciones, los hospitales abordan enfermedades. Siendo poco habitual que se enfrenten a los problemas de salud de las personas de una manera integral, atendiendo a sus contextos familiares y sociales.

• La extraordinaria fragmentación en múltiples especialidades dificulta la atención coordinada intrahospitalaria de los pacientes. Muchos son los que toman decisiones sobre una misma persona, pero de manera fragmentada.

• Muy lejos estamos de conocer con transparencia los resultados de su actividad. Desde la selección de sus gestores, los criterios de asignación de sus recursos, o el análisis de las variables que condicionan sus resultados en salud o económicos.

Considero que todas estas carencias son endémicas en nuestro medio. Tanto nos han dado, y nos siguen dando, nuestros hospitales y sus profesionales, que somos incapaces de romper este aplastante velo de silencio. Pero es hora de exponerlo, claro y fuerte: el modelo hospitalario está en crisis, en una profunda crisis. Y para romper con esta inercia, el primer paso para movilizar un cambio, es tomar autoconciencia.

Invito a debatir y discutir sobre el asunto. Porque, por fortuna, hay vientos que rompen desde más allá de nuestras fronteras, proclamando una “nueva gobernanza” para los hospitales. El futuro de nuestro sistema público de salud nos va en ello.

Fuente: Diario Médico

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